Crónica, Mujer de Aquí, Relato

Emoción Migrante

Por. Karol Bolaños

Una semana, dos y quizá tres se necesitan para transformar la colera, el odio y la tristeza que ocasiona una puñalada social, en una obra magistral. Sea un poema, discurso, opinión, crónica, canción, dibujo, escultura, video o artefacto contendrá el sentimiento más profundo causado por ese episodio.

Es cierto que cuando todo parece carente de luz se pierde la noción de que algo maravilloso puede suceder, es como un cumulo de espanto y desolación. Es como tener la aparente sensación de haber aprovechado siempre la posibilidad de ver y observar con atención; y sin esperarlo, dejar de hacerlo. Al cabo de un tiempo, se termina por aprender que se puede escuchar, oler, hablar, palpar y percibir el espacio. La luz y las imágenes no vuelven, pero las vibraciones se transforman en guías y caminos que conducen a nuevos imaginarios.

Llevo un año viviendo en este país, si le sumo los tres y medio que viví antes de mi retorno, diría que son cuatro y medio los que he acumulado. He sido una migrante solitaria, discreta, curiosa y respetuosa. Deben ser características que aún logro conservar de mi esencia.

En estos últimos tiempos, empiezo a resistirme con más fuerza ante la imbatida de la discriminación y el racismo. Debe ser porque desde el inicio de la contienda electoral el incremento de las miradas, gestos y frases chocantes han ido creciendo; cada vez, la cotidianidad de un migrante se llena de displicencia y esto viene generando una rabia incontenible.

He visto como los migrantes se asocian como mecanismo de protección y cada comunidad crea vínculos para sentirse respetado en medio de una sociedad que no lo hace. He intentado en algunas ocasiones hacer vínculos que me permitan la integración cultural necesaria para sostener mi proyecto migratorio, pero no funciona, ni con migrantes, ni con locales. Me he dado cuenta que cuando me acerco a los locales los protocolos me abruman y con los migrantes diferimos en afinidades.

Entonces, me quedo sola, me encierro, me enojo, escribo, bailo o canto; cada día me vuelo más asocial, de no ser por la pequeña actividad cultural y laboral que tengo estaría lejos de la sociedad. Voy a dejar y recoger a mi hija, no hablo con nadie, no me gusta que nadie se me acerque, tengo mi cara cerrada y mi oído fijo en la música para ignorar ese entorno de disputas culturales que nadie es capaz de revelar, más por hipocresía que por respeto.

Quisiera no decirlo, mantenerlo en secreto, decir: “me respetan y puedo vivir”. Al cabo que me es indiferente si me aceptan, lo único que empiezo a reclamar es respeto. Pero ya ni eso, los chistes discriminatorios de los parientes racistas de mi marido me empiezan a sofocar, las miradas y cuchicheos de las viejitas “burguesas” de este pueblo me empiezan a encabronar, el desdén de muchos para ignorar lo que pasa me indigna y yo tengo tanta ira que pienso en “Mi Guarida” de Calle 13 y quisiera hacerles todo eso.

No es el país, es el mundo, los mensajes que transmiten los medios de comunicación son fatales para la humanidad, le tienen la cabeza hecha mierda a los y las juiciosas del sistema. El mundo es un basurero, la falta de educación y acceso a la cultura nos pasa una factura exagerada. Las políticas fraudulentas y corruptas tienen corrompida nuestra existencia.

Si nada va a cambiar, si todo continuara como siempre, si el sistema se mantiene y las clases sociales se desvanecen en la tenencia material; no nos aterremos si un día, cualquiera, estallan bolas de mierda, porque ya empezamos a contestar y si aún les queda algo de lógica es importante que sepan que gracias a sus creaciones somos más.

Esta no es mi obra, es la obra de otro que se burla de mi manera de hablar, que no logran entenderme y no tiene cojones para enfrentarme con respeto. A éste, como a todos aquellos que osan agredirnos me gustaría decirles, no son ustedes, a ustedes les dijeron que debían odiarnos y somos las causas de sus problemas. Pero el día en que no existamos sus problemas seguirán porque ustedes han creado una historia donde la diversidad solo esta hecha para explotar, expropiar, violentar y desechar. El problema no es mi diferencia, sino tu incapacidad de entenderla.

Por el momento no hay obra maestra, aprendizaje o reflexión. Sigo a oscuras en esté mundo perverso, mientras, recupere mí aliento fresco.

4 comentarios en “Emoción Migrante”

    1. No creas, una prueba es que siento que no logré el texto que quería. Pero, bueno, desazón que espero que pase.
      Pues, en la conversación digamos que me puedo exprimir, eso es un logro monumental; ya no traduzco antes de hablar, digamos que está más en mi memoria.
      Pero es una lengua tan rica que me siento desesperada de no poder decir más como lo diría en mi lengua materna, más aún, teniendo ciertos conocimientos que pueden explicar muchas cosas.
      Tengo un acento marcado y para conjugar los verbos me veo limitada en algunas ocasiones, pero lo salvo, claro si los nervios no me vuelven muda.
      Lo escribo poco pero suficiente.
      Lo leo y comprendo muy bien.
      Paradójicamente, mi fuerte es la interpretación oral, siempre voy en concordancia con lo que se habla, a menos que me encuentre un francés limitado que no habla bien su lengua.
      Mi nivel con diploma es de B2.

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