Mujer de Aquí

El Amor Llega Así No Más

Por. Karol Bolaños

Hace años me comprometí, me casé, me enamoré y comencé la aventura más importante de crecimiento personal al lado de otros.

Salí sin buscar, tal vez agotada de fracasar, cansada de creer tanto en el amor, mal gastada por los desprecios, desilusionada de aquel sueño de tener una historia de amor con porcentajes similares en materia de emoción y sentimiento.

En ese momento en que no esperaba, ni buscaba nada. En que la esperanza se había diluido y sólo creía en mí raciocinio. Justo cuando sabía tomar distancia de una historia invisible.

Apareció él.

Justo ahí, en un lugar impredecible; en el cual, hipotéticamente se puede creer en una promesa para toda la vida porque está destinado para la aventura.

Aquel día, pasó mucho, de todo, sólo en una conversación, me dí cuenta que una persona se puede comprometer de verdad, si logra encontrar ese otro que también lo hace.

Era un mundo incierto, desconocido, un mundo donde se habla en una extensión desmesurada del tiempo que no existe.

Mi mundo vibro de otra manera; esos ojos, ese brillo, esa naturalidad para expresar eso que viene del corazón y esa gentileza medida por la autonomía de cada ser.

Me sorprendió con sus palabras y sus gestos. Pero no me deslumbre, sólo estuve en calma, no buscaba nada aquel día. Me relajé, disfruté el momento y me abrí a conocer un otro mundo desconocido para mí.

La noche de largas conversaciones, besos, caminatas, risas y sonrisas acabó. Todo parecía indicar que acabaría en lo efímero e invisible de forzar el deseo. Dije no. Me fuí.

Sorprendentemente, todo se transformó en un reencuentro, por primera vez lo ví enojado y eso que era nuestras primeras horas de conocernos.

Decidió acompañar mi camino hasta la parada de bus, pero él, por primera vez había tomando aguardiente y eran las 7:00 de la mañana, entonces, lo invite a uno de mis lugares favoritos a tomar café.

Le invité café con pandebono en la panadería quinta con quinta. Tomó un aire, me vió de nuevo y no hemos parado de mirarnos desde ese día.

Era un viajero, no pretendía quedarse más de una semana y se quedó hasta que lo echaron, seis meses para ser exactos.

Se fue y volvió por mí, nunca me ha incumplido una promesa, me mira con sus ojos de cielo y yo me derrito, me tiene una paciencia indefinida, me colma de detalles que nacen de sus descubrimientos, me canta y baila a mí ritmo.

Ésto para decir que una historia de amor nace cuando una persona menos lo espera, pero más lo necesita. Nada podría cambiar eso profundo, invisible a los ojos, porque nace del alma y el amor.

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