Libre

A La Que Se Hace Campo

Por. Karol Bolanos

Históricamente, el lugar de exclusion ha estado reservado para el diferente: aquel que tiene color en la piel, aquella que se rebela contra las costumbres de su familia y pueblo, aquel que contradice el poder, aquel que piensa y cuestiona mucho, aquellos y aquellas vulnerables y despojadas.

Hoy siento nostalgia, recordando mis pequenas luchas y mis grandes exploraciones. Siento que, anhelo vivir la vida como cuando la inocencia vivía en mí; cuando en vacaciones corría en el campo, cuando comía diversos frutos silvestres y me bañaba en las aguas limpias de los ríos de mi Cauca amado. Como cuando no tenía miedo de participar y construir en comunidad ambientes de arte, unidad y paz.

Extraño el tiempo en que el miedo no me devoraba y luchaba para que tuviéramos oportunidades, para que tuviéramos voz, para que tuviéramos dudas de los que detentan el poder, para crear rutas de manifestación con arte y para tener la posibilidad de cambiar está realidad tan dolorosa que vivimos los y las colombianas.

Me aborda la nostalgia porque siento que me faltó fuerza para seguir adelante; admito, lo he intentado, pero no es fácil cuando se vive con tanto miedo. Me pregunto si eso es lo que pretenden al romper la dignidad humana, quizá sí, cuando hay un líder menos, más seguirán dormidos.

En realidad, no me siento mal, sólo nostálgica. No me siento mal porque al ver como avanzan las cosas simples y complejas, lo más sensato es resistir y construir desde otros lugares. Creo como muchas más que, es fundamental construir familia, criar hijos con amor y mantener la cultura viva.

A nivel público, veo un rayo de esperanza, una luz muy brillante en el camino. Ella nos mueve y nos conmueve. No la conozco, quizá pude haberme topado con ella en algunos lugares comunes, creo que la vi entrar a un concierto de Manu Chao en el 2018 en Cali, le dije a mi amor, es ella, la ganadora del premio nobel ambiental; asombroso pensamos, pero iba tan rápido que casi fue verla pasar.

La escucho y entiendo en ella a los excluidos, a los perseguidos, a los empobrecidos, a las mujeres matrilineales, a las feministas, a las ambientalistas, escucho el territorio en sus palabras, a las tradiciones, a los afrodescendientes, campesinos y al Distrito de Aguablanca; ella me hace sentir emoción.

A veces, una sueña que muchas y muchos sin ninguna oportunidad puedan ser escuchados en las más altas esferas del poder; incluso, que puedan tomar decisiones. Para que muchos y muchas; sobretodo, los que hemos vivido la inclemencia del despilfarro de los corruptos, el empobrecimiento, la falta de oportunidades, el acoso de los violentos y el destierro, podamos un día vivir con dignidad en nuestro país.

¡Y aparece ella, para recordarnos que es posible!

Mas allá de la emoción de la palabra, más bien, de la acción. Escucho atentamente la voz que invita a soñar en un futuro de los sin voz con un lugar.

Creo que el país la necesita; inevitablemente, requiere de su transparencia, su humor fresco, su cálido golpecito al hablar, su experiencia de vida, sus risas contagiosas, su capacidad para amansar, sus ideas, sus propuestas y su poder para devolvernos a esos mágicos momentos en el campo y las barriadas.

Se que le faltan algunas competencias para lograr reorganizar económicamente el país, pero creo que poco a poco llegará a una madurez prodigiosa que le permitirá eso. Espero que, sea como sea, ella esté para nosotros los y las colombianas en el panorama político: incidiendo, debatiendo y decidiendo.

¡Qué esperanzador ver que mientras unas desisten, otras resisten y fortalecen!

4 comentarios en “A La Que Se Hace Campo”

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