Crónica, Mujer de Aquí, Opinión, Reflexión

¿Hacer Algo por Otros?

Por. Karol Bolaños

Era el momento de la despedida, uno de ellos, aquel que iba con su novia, me abrazo y me susurro al oído: – mujer has sido afortunada, hay que hacer algo por otros.

No respondí nada porque venía de decir que era una mujer sin talento.

Pero hace días estoy meditando muchas cosas y éstas palabras han resonado en mi memoria.

Ahora, me doy cuenta del tono manipulador, ese que evidencia la idea de que hay mucho que hacer; porque, hay que ser agradecida. Mis preguntas son: ¿Agradecida con quién? ¿Agradecida de qué? ¿Cómo debería agradecer?

El lenguaje es infinito, hay tantas cosas que se pueden decir; incluso, hay tantas acciones que pueden partir de la elocuencia de un discurso.

Las palabras son como semillas, son puestas en el momento justo, eso sí, los frutos dependen de los cuidados y las relaciones.

El lenguaje en su conjunto es un medio para transportar los pensamientos, emociones y sentimientos.

Leer con atención las palabras, los gestos y ademanes es ante todo una manera de dar cabida a la intuición. En este sentido, percibo que le he dado relevancia al lenguaje porque puedo sentir la bondad de los otros y las otras; así mismo, puedo sentir la turbulencia.

Muchas veces me he equivocado porque las palabras secretas que guardan el doble sentido, los gestos que contradicen la palabra y los silencios que susurran me perturban.

En esos juegos de palabras, lenguajes, discursos, ideologías, proyectos de vida, egos, vanidades, manipulación y poder; he peleado contra corriente, he hecho más de lo que podía y debía, me he enfrentado a hombres, he creado ideas y personajes, he fortalecido grupos, he aprendido enseñando, he confrontado mis patrones, he sembrado semillas de ideales y he perdido hasta mi dignidad. Pero siempre esperan más.

Cuando escribo en primera persona, lo hago sin miedo porque escribir es un lenguaje domesticado, lo entiende quien a su vez ha mecanizado las palabras, los gestos e incluso la emoción.

En contraste, en la cotidianidad, tengo miedo, mucho miedo. Me he sentido atacada, perseguida y violentada. No lo digo por las palabras del que pretende que haga algo por otros, al cabo, son sólo palabras. Lo digo por todo una red invisible de costumbres violentas en mi país.

Tengo tantos traumas que algunas veces me siento mal, he llegado al punto que cuando siento que estoy cerca al límite de la locura, esa de hospital mental, encuentro en mis personas favoritas mi ancla a la realidad, su amor me impide perderme. Entonces, me levanto porque necesito vivir mientras esté viva.

Cuando alguien me habla con ese tono, como esperando algo de mí, sobretodo material, me indigna, me lastima y me enoja.

Una vez más, un hombre con una seguridad implacable me insinúa que debo hacer algo por los demás. Algo me hace pensar que tener una situación aparentemente modesta, dibuja la idea de que puedo financiar causas nobles: -¿Por qué será que los hombres colombianos siempre me piden plata? Eso me hace pensar al descarado encantador, pidiendo parte de mi primer salario de profesora para financiar la causa. Ahora mismo, no sé si reír, llorar, gritar o sentir lástima.

En fin, creo que una persona hace lo que puede con lo que tiene. En contra parte, la suposición de que el otro tiene una responsabilidad con los demás, no deja de ser un mero juzgamiento o pretención. Igual, a veces exigimos al otro lo que no podemos, no queremos o no pretendemos hacer.

Mi verdad es que en esté momento de la vida, la mayoría de cosas que hago son para mí y por mí; lamento mucho si eso le destroza el corazón o el interés a alguien. Pero no podría seguir viviendo sin realmente vivir.

El miedo me ha impedido tanto que he estado al borde de perder mi capacidad de sentirme feliz, no podría seguir desesperada haciendo por los demás lo que no hago por mí.

Además, cuando hago por mí, el mundo a mi alrededor es más bonito, alegre, esperanzador y gratificante.

Al final, cuando hago por mí y para mí, intrínsecamente, estoy haciendo por los demás, en especial, por aquellos que lo ameritan.

2 comentarios en “¿Hacer Algo por Otros?”

  1. Nosotros tenemos un dicho: la caridad bien entendida, empieza por casa.
    Y es saludable que así sea. Una vez que esa felicidad que sentís, por la que venís trabajando toda la vida, se consolide, tal vez veamos que hacer felices a los demás está también en nuestra naturaleza.
    Te mando un fuerte abrazo y el deseo de muchas felicidades para lo que viene.

    Le gusta a 1 persona

    1. Deseo que eso sea una realidad.
      Te envío buenas vibras, llenas de agradecimiento por cada comentario, por divulgar algunos de mis escritos y generarme curiosidad en eso de la escritura.
      Te envío un fuerte abrazo, cálido aunque haga frío y te deseo mucha felicidad para recibir un nuevo giro alrededor del sol.

      Le gusta a 1 persona

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