Mujer de Aquí, Reflexión

Soy un Caso Social Colombiano

Por. Karol Bolaños

Nací el 28 de abril de 1985 en Santiago de Cali, Colombia. Viví cinco años en Siloé y veinticuatro años en el Barrio Mojica, en el corazón del Distrito de Aguablanca. Por supuesto que soy un caso social como lo definen los interventores sociales.

Es más, podría aseverar que aunque mi historia de vida fuese diferente y mi abrigo familiar tuviese otra condición social y económica, es decir, que si hubiese nacido rica, seguiría siendo un caso social según esa definición.

Sin temor a equivocarme, puesto que, es evidente por nuestra realidad social, política, cultural y sobretodo económica, creo que los 55 millones de colombianos que al parecer somos, somos un caso social para los habitantes de países ricos.

Básicamente, cuando un primer mundista del común se refiere a, caso social, se posiciona en un lugar de estabilidad, sea económica, social, emocional, política o cultural. En otras palabras, siente que debido a su capacidad intelectual, profesional, financiera o a las influencias que pueda ejercer a nivel social está desprovisto de cualquier problema.

Entonces, el borracho, el migrante, los padres que pegan, las personas que hablan fuerte, el desempleado, el joven delincuente, los que compran en supermercados de línea básica y económica, las violadas, los enfermos mentales, las personas con necesidades educativas particulares, los que compran ropa de segunda, los que se visten con simpleza, los que no tienen casa propia, los que no tienen carro, los que no saben como adaptarse, los que no nacieron ricos… En fin, todo aquel que no represente lo aparentemente normal es un caso social.

Ahora bien, la sociología expresa que, un caso social se refiere a los efectos que vivencia una persona o familia cuando vive una situación muy difícil, la cual, puede declinar con la exclusión o la intervención social.

Esta definición, me da la impresión que todos somos casos sociales porque ¿acaso existe alguien que no viva una situación difícil?

Incluso, aquel burgués que tiene todo y figura bienestar en su movilidad, tiene uno que otro achaque, sufre de amargura, siente que nada le es suficiente para ser feliz y se deprime con facilidad ante el cambio de clima; evidentemente, vive situaciones difíciles. Lo terrible es que, como siente que esta dentro de lo normal, la intervención desaparece del panorama, generado así, una serie de consecuencias sociales que afectan a montones de personas que dependen de él.

Más grave aún, un soldado que presencia el asesinato de todos sus compañeros, es equivalente a una persona que ha perdido su empleo. Ambas son situaciones difíciles, requieren atención social, pueden afectar las reglas y normas sociales y generar consecuencias en la convivencia.

Pero no tienen los mismos efectos individuales y sociales, mientras a uno de ellos se le ve como un héroe, al otro se le ve como un fracasado. Aunque el héroe tenga tendencia a ser un asesino en serie, tendrá siempre el aval y el apoyo predilecto de la sociedad y los gobiernos; mientras tanto, el obrero, completamente desvalido y sin oportunidades sufrirá con el señalamiento, si se encuentra en una sociedad con estructuras de apoyo social o redes solidarias sobrevivirá, de lo contrario, perecerá.

El término caso social no dice nada, si éste no esta ligado al concepto de problema social; el cual, ha sido abordado científicamente desde el siglo XIX por historiadores, geógrafos, estadistas, economistas, filósofos, políticos y teólogos.

Sus mayores preocupaciones fueron aquellos problemas ligados a la precariedad de la vida, a la salubridad, a la higiene y la salud. Por eso, su principal discurso va en dirección a crear fenotipos de la pobreza. El pobre es borracho, enfermo, discapacitado, bruto, incoherente, insensible, ladrón, asesino, sucio, desordenado, indisciplinado, entre otros. Básicamente, todos los problemas sociales se originan y los desarrollan los pobres.

En el siglo XX, el concepto varia, debido a la profundización epistemológica de la sociología. De algún modo, se siguen focalizando los problemas sociales en la pobreza, pero ahora el responsable no es el individuo, sino el Estado. Entonces, aparecen profesiones que se convierten en el puente entre las personas con problemas sociales y el Estado. No acaban la pobreza, ella sigue siendo el problema de raíz, el único objetivo, es mitigar los efectos.

En este sentido, en pleno siglo XXI ¿a qué nos podemos referir cuando hablamos de problema social? Los científicos sociales hablan de problemas de origen económico, social y cultural. Por eso, los problemas sociales siguen siendo los relacionados a la pobreza y el acceso a derechos humanos básicos.

Sin embargo, hoy en día la discusión se ha ampliado, lo político, tiene un lugar fundamental, porque se ha demostrado que, la mayoría de problemas que hoy son denominamos sociales dependen de la alianza infalible entre lo económico y político. Ella justifica el empobrecimiento y la exclusión de los más frágiles.

Teniendo en cuenta toda esta retorica, creo que si soy un caso social. Nací en un año conmocionado, en un país con un conflicto social y armado muy complejo, en una ciudad violenta; crecí en barrios periféricos sitiados por la pobreza, la violencia y la exclusión. Nací pobre, en un contexto social que degrada la humanidad. Si, soy un caso social.

Entonces, me pongo a pensar en todo lo que he vivido, creo que siendo tan joven es normal que me sienta tan vieja. Me doy cuenta que, tengo tantas historias que jamás podría acabar de contarlas, ellas van desde entender en su complejidad la violencia, el amor de la familia, el trabajo incansable, la solidaridad comunitaria, la construcción de proyectos de vida alternativos, la lucha interminable por la integración social como riqueza humana y la importancia de la educación como pilar para la conservación de la cultura.

Soy un caso social con padres amorosos, trabajadores, honrados, honestos, un poco sumisos, profundamente amables, siempre solidarios, algo tímidos, valientes y arriesgados. Me ofrecieron una familia, un hogar, hermanos maravillosos y la libertad de soñar una mejor realidad. Ellos me dieron una infancia, aunque ellos no la tuvieron. Ellos soñaron con que fuésemos buenos seres humanos, nosotros nos impusimos mucho más.

Yo escogí estudiar, al principio no fue fácil, pero con el tiempo me mantuve, creo que la disciplina, la perseverancia, el amor por la ciencia, el amor por los otros y los sueños son un motor infalible para cambiar el dictamen.

Claro que soy un caso social, soy colombiana, con múltiples traumas, pobre, mujer y migrante. Sobretodo, soy un problema social, porque le hice triquiñuelas al sistema y me le salí por una rendija. Lo favorable de la situación es que yo lo sé y por eso confío plenamente en la intervención social, cuando pido ayuda profesional, busco a quien pueda comprender el tejido social que habita en mí.

Jamás niego lo que soy y no podría olvidarme de donde vengo, esa una distancia enorme que requiere consciencia, no voy a justificarme con aquellos que me tildan de caso social. Solamente quisiera dejarlos con una pregunta que los ubique en su más profunda humanidad: ¿se han imaginado un mundo donde existan más casos sociales como yo?

Referencia conceptual: Mayer. R., y Laforest. M. (1990). Problème social : le concept et les principales écoles théoriques. Les problèmes sociaux Volume 39, Number 2.

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s