Mujer de Aquí

De lo Banal a lo Sublime.

Por. Karol Bolaños

Hace días que tengo mil temas en la cabeza… – ¿será porqué suelo pensar mucho? ¡No qué va! Lo que pasa es que esta frágil humanidad da para todo.

Entre otras cosas, he husmeado en la actualidad de la música moderna, básicamente, en las disputas que emergen de las opiniones de personajes que se sienten artistas.

Resulta curioso que, después de dos décadas, los regetoneros sigan hablando de lo mismo; absurdo que sus temas sigan siendo banales, narcisistas, carentes de perspectiva y humanidad.

Sin embargo, como si fuese poco con sus altas dosis de mételo y sácalo, ha emergido algo más descarado, atroz y fatal.

Algunos desde sus cómodas mansiones hablan de arte cuando se refieren a consumo, otros se revuelcan en sus eruptos copiando el estilo fresco de los revolucionarios perdidos a quienes poco le importan los que sufren de verdad, unos se creen poetas de la calle incitando a los jóvenes a defender una falsa territorialidad, ni que hablar de los emblemáticos pioneros que se sienten gurús de la nueva era pero que con sus canciones sólo hablan de muerte, sexo y vanidad. 

No hay pudor, respeto y mucho menos sensibilidad. Aunque no es precisamente el género que haya nacido con esos paradigmas; lo grave es que la juventud sigue anclada ahí, en la fluidez del bip, de un pop y mucho flow.

Admito que me ha gustado el vacilón, soy una bailarina de corazón, de esas que lo hacen por el puro goce de la diversión y sin códigos del montón.

Durante mi juventud nació tan aclamado movimiento, escuché, bailé y ví de todo, aunque tuve mis preferencias. En mi opinión, jamás volverán a nacer Viernes 13, Atrévete, Salió el Sol o Métele Sazón. Lo demás es robótico y repetitivo.

Todo esto para referirme a una simpleza, se trata de lo que se acepta como modelo. De lo que somos capaces de aparentar ser, para ser aceptados en un mundo plástico y frío.

De las discusiones que ví, sólo puedo decir: – ¡por eso el mundo esta como está! La música ha sido reducida a la moda o al consumo cultural. La humanidad está sumisa ante mentes criminales que no asumen la responsabilidad de sus palabras y sus actos. La apariencia vale más que mil reflexiones de vida.

Mientras tanto, aquí, viviendo la obra de mi vida, ensayo tener mi propio guión y mi propio aspecto. Todo para alegar y contradecir, diciendo, por ejemplo, que sigo creyendo que Rubén Blades no necesita reconocimiento del establecimiento, él es de esos artistas que los simplistas o los académicos de la música jamás reconocerán, porque está muy por encima de las esferas de lo sublime e inentendible.

No es moda señores, no se aparenta cuando se cree en la «raza unida que Bolívar soñó», esa que solo podremos tener cuando creamos fielmente que la «familia es familia», cuando asumamos que para que todos, todos, vivamos en esta misma tierra con dignidad y respeto necesitamos es «Amor y Control».

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