Crónica, Feminismo, Mujer de Aquí, Reflexión, Relato

De La Crisis, Al Relato

Por. Karol Bolaños

Cuando volví a Colombia en el año 2018, tenía en mente hacer algo para mí misma y vivir en ese país que intentaba reconstruirse con un acuerdo de paz. Sentía la necesidad de recuperar mi espíritu, mi esencia y liberarme de aquello que me impedía ser feliz.

Inicialmente, me concentré en la parte espiritual; para ello, busque ayuda ancestral, hice mi purga, mi encuentro conmigo misma, con remedios adicionales algunos miedos se fueron, pero la tensión siguió ahí y las revelaciones comenzaron a estar presentes todo el tiempo. La medicina fue esencial porque abrió el portal que me permitió descubrir todo lo que necesitaba saber, pero el trabajo era mucho más grande, más fuerte y sólo dependía de mí.

Hace un año, después de aparentemente haberme estabilizado, tener mi proyecto en camino y comenzar a hacer vínculos. Caí en una profunda crisis personal y familiar. El nuevo orden mundial me desestabilizó y lamenté haber vuelto a mi país. Siento que me enfrenté a muchos cambios, sabotajes y falsas seducciones. Por unos instantes, creí todo perdido.

Efectivamente, la crisis estaba ahí y me iba a traer más tribulaciones de las que un día imaginé.

Estando en ese momento de la vida, me propusieron contar una historia que había conservado de manera muy privada. Se trataba de como había sido violada en estado de embriaguez y sus consecuencias.

Analicé la propuesta con escepticismo porque se trataba de narrar detalladamente lo sucedido. Hablé con mi familia, ellos estuvieron de acuerdo con mi participación. Aunque no tenía ni idea de lo que me traería, era consciente que hacía parte de ese portal de la verdad que había abierto y me aventuré con todo el corazón para aprender.

Participé en el proyecto “CATARSIS un proceso consentido”. La grabación la realicé el año pasado y este año días antes de su estreno conocí el resultado final. Tuve que escuchar varias veces y en diferentes situaciones el episodio para asimilarlo.

Debo mencionar que desde el estreno del proyecto, fui una oyente curiosa y constante, por eso necesite tiempo para asimilar mi relato. Cada episodio, me invitó a la reflexión y me llevó a la introspección. A lo largo del proyecto lloré y me sacudí muchas veces. Escuchando y escuchándome a mí misma, el dolor volvió y la herida se abrió.

Muchas personas creen que contar el hecho que ocasionó malestar físico, emocional o mental genera bienestar de inmediato. Como si el mero relato al ser contado se desvaneciera. Después de todo este caminar, considero que eso se trata de una premisa subjetiva, inaplicable en su totalidad a cada trauma o persona.

En mi caso, siendo una narradora de relatos, una apasionada de la Historia, una enamorada de la diversidad cultural, una recuperadora de las tradiciones, una defensora de la memoria histórica, una persona respetuosa de todo y un ser apegado a las fuerzas espirituales vivas; resumo que, este tipo de apertura deja escapar toda la intimidad guardada y nos deja vulnerables.

Esta experiencia, aunada a mi búsqueda espiritual, me han traído momentos difíciles porque me han revelado aquello que me condujo a esa situación. Sin duda, esto ha cambiado mi perspectiva de vida y me ha exigido más trabajo personal porque los secretos dejaron de serlo.

Me explico, con la participación en este proyecto y escuchando cada uno de los relatos me dí cuenta que siendo niña, ya habían irrumpido en mi intimidad, pero yo no lo sabía concretamente, porque cuando una es niña en Colombia no le enseñan que con cuatro años de diferencia se puede tener una concepción de la vida muy distinta.

Además, pude descubrir que aquellos hombres que a la época llamaba “amigos”, se habían aprovechado de mi inocencia y me habían abusado en diversos ámbitos de la vida. Es probable, muy probable, que no me hayan violado por casualidad; es probable, muy probable, que personas que hacían parte de mi entorno social, universitario y político hayan planificado sistemáticamente toda una serie de violencias sexuales contra mí.

Quisiera tener pruebas de lo que digo, llevarlos ante la justicia, pero en vista de que en Colombia eso no existe, espero que la vida les otorgue las lecciones suficientes para aprender a tratar con respeto y humanidad a las mujeres.

Quisiera señalar que en Colombia la violencia ha tocado todas las esferas de la vida, el conflicto social, político y armado está presente en todos los rincones del país. Las víctimas de la crueldad de la guerra son innumerables, las cifras son un chiste mal contado y las mujeres tenemos marcas en el cuerpo de lo que viene sucediendo de manera normalizada.

En este caso, donde la violencia ha saturado la sociedad, el relato se transforma en una esperanza porque hace parte de la reconstrucción de la memoria histórica. Ella, es fundamental para reconocer la verdad y trabajar incansablemente por la justicia. Sobretodo, es un primer paso para sanar al ser herido.

Pero se necesitan crear escenarios de apoyo para ello, porque no todas las mujeres tienen la fuerza mental para sobrevivir al relato en sí. Esa es mi recomendación para proyectos como en el que participe, porque no basta con contar y difundir el episodio. Detrás hay un ser humano que reanuda lo sucedido y necesita apoyo para levantarse. La terapia tiene que dejar de ser un privilegio para pocos.

El balance de todo este caminar es positivo porque me revelo lo que me negaba a creer y me impedía avanzar. He dejado de culpar a mi inocencia por lo que me paso, al contrario, le agradezco porque me salvo el espíritu y hasta la vida.

Las crisis son un final y un comienzo. Analizarse y encontrar el origen de toda una secuencia de dolor es importante; sin embargo, encontrar una razón para ser feliz y evocar la sonrisa es más poderoso.

Soy una víctima más de mí país, de la violencia, del conflicto social, político y armado y de esa clase de seres humanos que no les importan los demás para enriquecerse o tener poder. Pero hoy, soy consciente que la justicia es divina y que la única guerra válida es la que uno hace contra eso que lo lastima en su interior. Hay que luchar incansablemente por sanarse, por ser feliz, por evocar lo bello y ratificar que mientras estemos vivos hay vida. El pasado se fue y sólo queda este instante que llamamos presente.

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