Mujer de Aquí, Reflexión

¿Un Grito de Bienestar?

Por. Karol Bolaños

La madre guarda su bebé en el vientre alrededor de nueve meses antes de que vea el mundo, durante ese tiempo, ambos seres experimentan infinidad de cambios. Aprenden a vivir en relación constante hasta que se requiere independencia espacial para continuar.

El nacimiento revela un mundo oloroso e hiper iluminado. En consecuencia, un síntoma de buena salud para el neonato es el grito. Es extraño que en un mundo donde se reprime al que grita, sea ese el primer gesto de bienestar y sabiendo que nacer es un regalo de la vida, gritemos al ver el mundo por primera vez.

Paradójico el tema del gesto inicial de la vida humana, se podría decir que se toma una bocanada de aire, se acaba el confort dentro de otro ser, se asusta al ver mundo en el que se ha nacido y automáticamente se grita.

¡Al menos en ese momento es aceptado y esperando!

Las primeras determinaciones al nacer son: el sexo, el género, el nombre, su lugar de nacimiento, las filiaciones básicas, su origen cultural y su estado físico. Nada queda al azar, todo está dicho.

Condiciones, reglas, normas, castigos, segregación, definiciones, determinaciones, sueños y proyecciones acompañan el resto de la vida a los seres humanos. Todo esta debidamente mecanizado. Cada ser sabe el lugar social que le corresponde en el mundo desde que nace.

Aún así, en la memoria sentida, en el subconsciente o en el acto de observación más simple podemos recordar que el primer gesto de buena salud fue el grito.

Entonces, aunque el mundo no lo acepte… ¿Porqué no gritar?

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