Crónica, Mujer de Aquí, Política, Reflexión, Social

220 Años de Criollismo: “Precursora de la Independencia…”

Por: Karol Bolaños

…fiel heraldo de la libertad, nuestros padres ganaron la guerra y nosotros ganamos la paz.” Fragmento del Himno a Santiago de Cali.

Después de docientos veinte años de historia colombiana seguimos viendo el mismo accionar de quienes detentan el poder. Al parecer, la herramienta perenne es la violencia contra aquellos y aquellas que buscan la libertad e independencia de la región de un gobierno centralista que olvida sus promesas.

Es importante resaltar que Cali ha sido epicentro de importantes discusiones regionales desde hace muchos años atrás. Cualquiera diría que se trata de una coincidencia, en realidad no, se trata de una herencia autóctona, de una historia lejana que muchos desconocen, pero que es imposible borrar. No en vano todo empezó con la caída de una estatua que resalta el horror.

Cali, ha sido habitada por indígenas, blancos, esclavos africanos, libres de todos los colores y en su última estancia criollos, que aprovechando el accionar conquistador, el sistema colonial y las disputas independentistas se han apoderado de la goya del Gran Cauca.

Esta ciudad ha crecido a un ritmo acelerado. La transformación de la Hacienda en grandes explotaciones de monocultivo de caña de azúcar (ingenios azucareros), su posicionamiento como proveedora de bienes y servicios, su alto entusiasmo frente a la investigación científica e industrial, la motivación para el desarrollo de todas las artes y la apertura de su gente para la integración social la ha posicionado como la capital líder de la Región Pacífica.

Esto tiene sus pros y sus contras, lo preocupante es el resultado de la situación. Los índices de desigualdad social son abismales y la ciudadanía se encuentra en un punto insostenible; en otras palabras, gran parte de la sociedad caleña no soporta más y a esto se suman las medidas nacionales para enfrentar la terrible crisis económica.

Ahora bien, un gran número de colombianos y colombianas en contra de la reforma tributaria propuesta por el gobierno que pretendía profundizar la desigualdad social y la pobreza decidieron movilizarse con arte, cultura y pacifismo en las calles desde el día 28 de abril del 2021; ante ello, los gobiernos locales, departamentales y nacional decidieron responder de la única forma que saben, con violencia.

La policía ha atacado ferozmente, ha perseguido, golpeado, asesinado y desaparecido a participantes de las movilizaciones en su mayoría pacíficas. El gobierno ha señalado a líderes sociales para justificar su accionar bélico. La prensa nacional al servicio del gobierno ha incentivado la violencia y promovido la ilegitimidad de las protestas.

Lo paradójico es que en puntos alejados a las concentraciones, delincuentes, ajenos a las movilizaciones han cometido serios destrozos, han saqueado a pequeños y grandes comerciantes; frente a ello, la policía no actúa y utiliza esto como excusa para atacar a los y las marchantes.

Cali, como siempre precursora de la independencia y promotora de la libertad, salió con suntuosidad a las calles, pero el precio que está pagando es enorme. Cali ha sido la ciudad más golpeada por buscar justicia y ha sido desprestigiada por sus mismos mandatarios.

La noche de ayer fue espantosa, muchos y muchas no durmieron, el pánico azotó la ciudad, el miedo silencio las familias que aunque querían ayudar no podían hacerlo por temor a ser asesinados por las balas de la policía. Hoy, las asociaciones de Derechos Humanos reportan alrededor de 23 civiles muertos, entre ellos, varios menores de edad, lo espantoso es que se desconoce el número de desaparecidos.

Nuestros padres han sufrido en carne viva el dolor de la guerra y sus secuelas, nosotros y nosotras nacimos en épocas en que las bombas estallaban en las calles y los tiroteos eran pan de cada día. Han pasado más de treinta años y seguimos soñando con conocer la paz con justicia social.

Finalmente, hago un llamado a la dignidad, a la continuidad de la búsqueda de la paz (esa que nosotros soñamos, no aquella que nos quieren imponer), al respeto por la vida, a la responsabilidad de los mandatarios locales, departamentales y nacionales para con su ciudadanía, al apoyo internacional para evitar el atropello y les invito a mantener actos de no violencia para afrontar con talante esta dura embestida del poder criollo.

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