Mujer de Aquí, Reflexión

Metida, Chismosa, Atrevida, Sobrada…

Por. Karol Bolaños

Con o sin razón me he pasado la vida juzgando, mirando como escáner sin ser descubierta. Al parecer, he perdido el tiempo observando cada detalle para definir qué tan bueno o malo puede ser lo que tengo frente a mis ojos.

Constantemente hago preguntas que nadie hace, evadiendo el respeto por el simple placer que me ofrece la honestidad, hago chistes con perversos sentidos, me deleito en el sarcasmo y sin darme cuenta soy ese tipo de persona fastidiosa que habla demasiado, esa que nadie desea escuchar.

La gente suele hablar de mi con los apelativos de metida, chismosa, atrevida, sobrada, soberbia, comunicativa e impertinente. Estoy segura que algunos expertos en personas agregan mojigata, tóxica y colérica. Así que he llegado al punto de hacerme está difícil pregunta: -¿será que soy una pésima persona?

Cuando refiero a esto, algunas personas suelen elogiar mi manera de ser, otras cuestionan hasta cuándo voy a ventilar mi falta de autoestima, las más fraternas me incitan a tomar terapia y el restante hace parte de ese estrecho círculo que prefiere crear perfiles a su imaginación. En el fondo sé que son sólo palabras, pero ¿cuánto puede calar una palabra?

En realidad, el inició de este texto es más una impresión, una vaga idea de un personaje común y corriente, una imagen que alguien con la necesidad de anular reparte por ahí de una persona que no alcanza a descifrar.

¿Cuánto importa lo que dicen las personas de los y las demás? Creo que importa cuando es para construir, de resto, es sólo incapacidad y destrucción del otro para alimentar el ego herido.

En el sentido más simple de la vida no debería importar lo que digan los demás. Todos y todas deberíamos tener las herramientas psíquicas y emocionales para afrontar estas suposiciones sin prestarle atención e importancia a las ideas negativas de otros y otras.

En contraste, la realidad es otra, no todos y todas contamos con lo necesario para ignorar estas aseveraciones tan odiosas; incluso, diría que algunas personas podrían verse frente a una imagen borrosa que puede anular la real, y sin protección, los resultados podrían ser catastróficos.

Por ejemplo, a lo largo de la vida he detestado los grupos de amigos y amigas inseparables. Algunos me han tachado de antisocial por querer estar sola. En realidad le huyo a esto porque en mi experiencia no hay espacios de mayor derroche de estupidez y mala voluntad. Casi siempre hay alguien con más poder que otros y otras; usualmente, este personaje pone las reglas para todo. Además, cuando alguien se tropieza, comete un error o piensa distinto simplemente se le anula.

En el caso particular de las chicas, las que viven compitiendo entre ellas por vanidades y posesiones es común escuchar como hacen perfiles de las otras y lograr disminuir a las que rompen sus códigos. En revancha, resulta asombroso haber descubierto hombres que cuando se sienten amenazados por mujeres inteligentes, las degradan a tal punto que las expulsan de sus liderazgos e incluso de la sociedad.

En este sentido, creo que lo ideal es evitar los grupos porque se prestan para comentarios mal intencionados, competencias invisibles, la creación de perfiles mentirosos y mucha hipocresía. Básicamente, no necesitamos alabanzas, necesitamos respeto y para ello es suficiente con un o una amiga verdadera.

Por otro lado, soy una persona que juzga y eso no me gusta. Siento que el mundo no es ni bueno, ni malo, sólo mundo, así mismo, la gente. Pero tengo una carga moral enorme, como muchos que hemos crecido con miedo y sacramentos, por eso, lucho cada día por quitarme ese peso, porque no me gusta; sin embargo, no es fácil. La gran noticia es que juzgo sólo a personajes públicos y mi persona.

Me gusta hablar, ese es mi mayor defecto, conozco a la gente por sus historias porque la Historia es mi pasión. Si alguien me cuenta algo puedo escuchar, pero no sé trata de la simpleza de hablar de otros y otras, sino de sí mismos y sus retos.

En efecto, me gustan los relatos, los detalles y la magia de cada instante, así que, si alguien no logra atrapar mi atención es porque está divagando en personajes y situaciones ajenos a los participantes de la conversación. Por ello, usualmente mi cuerpo sigue ahí, aunque mi mente de manera automática se traslada a otro foco de interés y cualquiera lo puede notar porque no emito ninguna opinión. En ese caso, necesito aprender a huir elegantemente de discusiones sin finalidad.

En fin, la gente suele hacerse la idea de lo que son los otros y otras, correcto o incorrecto poco importa para algunos. La verdad, justicia y respeto son valores que poco a poco pierden importancia a nivel social, por ello, muchos comentarios negativos sobre las personas divagan en redes sociales y círculos que requieren de favores, valorización y poder. Al resto, nos queda ser precavidos, evitar grupos, mantener valores humanos que nos permitan establecer relaciones sanas y respetuosas. Sobretodo, evitar dar importancia y creer lo que otros y otras dispersan como veneno sobre nuestra persona porque nadie más nos conoce que nosotros mismos.

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