Cuento, Fantasía, Mujer de Aquí, Relato

Mensaje: A Los Enamorados

Por. Karol Bolaños

Después de un día largo con una mañana de jugoso trabajo, una tarde de complejos aprendizajes y un inicio de anochecer con candentes conversaciones, había cargado el cuerpo de mucho cansancio y negativos sentimientos.

Un detalle se había quedado impregnado en la memoria, una cosa simple y sencilla: «el café de aquella cafetería universitaria carecía de aroma, el sabor era una mezcla de carbón con la amargura de hojas de salvia salvaje y el reposo denotaba la superioridad del agua hirviente.» Quizá por eso las palabras quemaban y el dolor se había incrustado en lo más profundo del alma.

El camino que siempre parecía interminable por aquel túnel descubierto, robaba las ideas con la suavidad de la brisa nocturna. Sin embargo, no se llevaba el desazón de las emociones.

Al llegar a la parada de bus, unas cuantas miradas se habían cruzado, nada importante como para olvidar.

En aquel tiempo solo una ruta de bus llegaba hasta el infinito de la ciudad, hasta el punto jamás visitado y siempre olvidado. Eran pocos los que llegaban hasta un destino similar.

Fue raro ver aquel hombre joven esperando casi al lado, entonces, la curiosidad termino por completo la disputa de las ideas y emociones recientes.

Se trataba de un personaje especial. Se le veía tranquilo, suave como un pétalo de rosa, inteligente como un búho y bonito como jirafa. Quizá, esperaba que un vehículo particular lo recogiera. Estaba vestido con camisa blanca, un pantalón azul y tenis rojos. Era un hombre aparentemente sencillo y muy hermoso.

Las miradas aunque esquivas se encontraban en ciertos momentos. Sin embargo, hombres como ese no eran habituales para conversar.

El bus se acercaba rápidamente, se tenía que estar pendiente porque era posible quedarse sin su servicio. La premura del largo destino desconecto la curiosidad y el abordaje atrajo toda la atención.

Aquel hombre también subió. ¡Vaya sorpresa! Había suficiente espacio para sentarse. ¡Qué fortuna! Como era habitual el lado de la ventana era el predilecto. Sin mayor vacile, situarse ahí era costumbre. La mirada fija en el camino siempre permitía olvidar el día.

Después de unos minutos el hombre se sentó al lado, algo raro invadió la sensación de olvido. Sin esperar que sucediera el hombre habló.

Sus palabras estaban perfumadas con la fragancia de las flores y la madera reposada. Su raciocinio impecable dejo caer algunas ideas incomprensibles para los jóvenes distraídos pero nutritivas como las almendras.

No era acoso, persecución o influencia lo que pretendía saborear. El tipo destilaba amor, sinceridad y capacidad. No transmitía miedo por el contrario confianza.

Preguntó si el bus pasaba por cierto lugar del sur, la respuesta era positiva y solicito que le avisará cuando estuviera cerca. A lo que era imposible negarse.

– Parece cansada y algo perdida. Mencionó con voz suave y respetuosa.

– Tal vez. Respondí sin mucho asombro.

– «Cuando uno tiene un camino, una misión clara y una visión sobre la cual trabajar, todo cansancio vale pena. Nadie está obligado a cumplir nada, sin embargo, lo hace porque es imperativo vivir y el amor es el único realmente eficaz.» Dijo.

– Está llegando a su destino. Le mencioné.

– Así parece. Usted también ha encontrado el suyo en aquella perturbadora discusión, sin embargo, sólo usted puede decidir lo que quiere para tener una vida como la sueña. Muchas gracias por su curiosidad, me ha facilitado el camino. Respondió.

La mirada se fijó sobre aquella dócil presencia y su interminable suavidad se instaló sobre la espesura de la noche. No hubo más palabras, sólo un gesto de agradecimiento y se fue.

Pasado un tiempo y continuando con la vida universitaria, era casi un ritual leer revistas de antaño. Cierto día, una imagen se robo la atención, era un hombre joven vestido de sotana y hablando a las multitudes. Parece ser que lo veían, lo escuchaban, lo seguían y le creían. El pie de imagen tenía su nombre, era Camilo, un hombre de los que ya no existen, pero sus ideas germinan como las semillas que el viento transporta por el aire fresco y libre.

El asombro fue aterrador. ¿Acaso está vivo? La imagen era el inicio de un artículo, el hombre había sido asesinado y vilmente enterrado sin avisar siquiera a su madre del lugar de su sepulcro.

No me sorprenden sus palabras después de todo; ya que, sólo pecó por querer vivir y amar.

Ahora me doy cuenta que ha sido eliminado de la historia y que su sacrificio no tuvo mayor relevancia. Sin embargo, sigue por ahí, apareciendo y desapareciendo sin que su alma haya sido suprimida. Ya nadie lo sigue, tampoco hablan de sus escritos, de su legado científico, de sus errores, de su condena, pero él sigue ahí, seguramente hasta que le devuelvan su dignidad y dejé de ser una leyenda viva.

Pienso inútilmente, que así como San Valentín fue finalmente aceptado, por su noble, amoroso y consecuente gesto con los enamorados de la época, un día, este otro sacerdote pueda ser respetado y comprendido en su mensaje de profundo amor.

2 comentarios en “Mensaje: A Los Enamorados”

    1. Gabriel García Márquez fue mucho más grande, enorme y magistral que Cien Años de Soledad y su premio Nobel de Literatura, fue el intelectual supremo de Colombia y su lectura sobre cualquier cosa siempre fue mucho más acertada que todos los PhD especialistas en ciencias sociales y humanas juntos dando una opinión.

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