Relato, Reseña, Social

220 Años de Criollismo: Los Extremos Sociales y Económicos

Por. Karol Bolaños

(…) Con la agudización de la violencia rural, el surgimiento del desplazamiento forzado, el decrecimiento económico, la extracción desmedida del patrimonio natural, la explosión demográfica en las grandes ciudades, la privatización del acceso a derechos básicos y el aumento de la inseguridad urbana con el naciente tráfico de sustancias ilegales; llegamos a los factores determinantes de la extrema pobreza o la extrema riqueza en Colombia.

La caricatura repetitiva en está noble patria, evidencia el crecimiento de la pobreza y la riqueza por sectores. Los unos viviendo en mansiones lujosas, fincas exorbitantes y apartamentos blindados. Los otros viviendo en barrios sin alcantarillado, agua potable, casas minúsculas, sin calles pavimentadas y comiendo lo que pudiesen con salarios de miseria. Los de la mitad sosteniendo ambos extremos. Fue así, que mágicamente apareció una palabra que nos marca como colombianos y colombianas, el estrato socio-económico o simplemente estrato.

Si bien, este es un concepto salido de la academia, su uso dejó de aportar ciencia, por el contrario, genera desigualdad e incluso discriminación. Porque no es lo mismo pertenecer al estrato seis, tres o uno en este país. Seis denota riqueza sin importar de donde provenga, tres significa una clase social en exterminio a punta de presión económica con la carga de impuestos que tiene y uno es sin más ni menos el hoyo profundo de la pobreza.

Como en este país todo ha estado influenciado por el acuerdo centralista y la capital es la muestra fehaciente de la compleja realidad. Pues, una rápida y prolongada observación evidencia como la pobreza y la riqueza ha sido distribuida por sectores aprovechando el sistema de estratificación socio-económica.

En Bogotá, ir al norte es como entrar en una ciudad cosmopolita, chic, limpia, europeizada, internacional y educada. Se siente al caminar por esos barrios que se esta en un lugar privado de pobres, porque a menos que estos estén ahí para ofrecerles servicios a los ricos no pueden transitar libremente.

De los lujosos edificios solo salen carros de marcas europeas, las más costosas del mundo. Si por ejemplo un europeo cree que tiene un carro único en su continente, se equivoca, porque en Colombia hay gente que tiene para comprar en la fabrica de origen un vehículo de Europa y hacerlo traer impecable.

Los parques tienen un tipo de pasto que parece una alfombra mágica, se respira limpieza, cuando sacan sus perros finos como ellos, recogen sus heces en bolsas perfumadas, los borrachos del día son invisibles o imperceptibles, tampoco fuman, se siente un aire limpio y la gente esta como en una burbuja perfecta.

Los centros comerciales son pequeños, pero refinados. Los sitios para comer tienen tanto estilo que parecen galerías de arte. La gente en su mayor proporción, blanca, porque no hay mestizos, ni indígenas y mucho menos negros caminando por ahí, ratifica su distinguido linaje criollo.

Tienen montañas para respirar aire puro, hermosos museos, parques limpios de basura y drogas, una estética simple pero magnética, calles solitarias y seguridad constante. Se ven felices, aunque no salen a caminar. Igual para eso está el carro que los lleva a todas partes y sus edificios están rodeados de cámaras, alambres de púas y electricidad pura, están eminentemente seguros. Se siente, se respira puro estrato seis, como mínimo cinco.

En el sur todo lo contrario, aún hay calles sin pavimentar, el polvo o el barro son pan de cada día, la gente va y viene todo el tiempo, el transporte común se queda sin espacio porque la gente que se moviliza por la ciudad es aterradora en cantidad y comportamiento.

Los barrios se desdibujan en los sectores y a su vez en localidades, la gente se pierde entre millones y las necesidades se acumulan entre miles. Sin embargo, la gente se moviliza todo el día buscando solventar sus carencias, se ven los antiguos talleres ofreciendo empleo a sus pobladores, la chatarra se ha convertido en una fuente inagotable de ingresos para los más vulnerables y las trancas en las vías infestan con sus residuos el poco aire respirable del lugar.

Las historias se pintan en las paredes y las arengas no pueden ser silenciadas. “¿Quién dio la orden? ¡No más cuarentena tenemos hambre! ¿El territorio para quién?” El sur demuestra el olvido al cual hemos sido sometidos el resto del país. Porque la entrada del Sur de Bogotá refleja como está el Sur de Colombia, estamos en el olvido.

La mitad para el final, porque refleja la decadencia del país. Después de casi un año de crisis por el virus más popular de la historia: La Candelaria está sobreviviendo como puede, los hostales están en ruinas, los hoteles sobreviven con las pequeñas temporadas o con los reducidos visitantes, los restaurantes luchan por comensales, la mayoría de museos están cerrados, las librerías tienen sistemas de bio-seguridad impenetrables, es imposible ver la Casa de Nariño porque todas sus calles están bloqueadas por vallas, la Plaza de Bolívar tiene más rebuscadores que visitantes, el Congreso está desértico, el Palacio de Justicia al fin brilla por su corte diferencial con el resto de edificios y la juventud está pérdida en el licor o las drogas.

La séptima está repleta de gente, es el sitio de rebusque por excelencia. Gran parte de lo que se vende en los tapices es robado o contrabando, los vendedores se pasan el porrito con total naturalidad (aunque los jóvenes en los parques son privados de su dosis personal por los soldados de la patria), los policías se pasean sin mayor indignación, los borrachos van y vienen todo el tiempo, el parque que se encuentra al lado del planetario ha dejado de ser un lugar para el encuentro familiar y se ha convertido en un expendio de drogas, los típicos cafés de la séptima han cerrado sus puertas indefinidamente y los juegos de azar proliferan.

El centro ahora tiene su zona de tolerancia, la puede encontrar en su paso si va desde el sur hacía el centro histórico. Hermosas chicas y chicos muestran sus esbeltos cuerpos sin importar el clima y exponiéndose a todo. Siempre en la calle, buscando el mejor postor para enriquecer a su administrador y/o rebuscarse para vivir. La disputa entre chicas y chicos trabajadores sexuales son frecuentes, más aún, en tiempos de crisis y crecimiento desmedido de inmigrantes.

En fin, cuando los criollos se tomaron el poder, dejaron claro que por sus venas corría sangre monárquica, que no podían vivir igual que los indios, negros y mestizos. Así que crearon una estructura de poder que mantuvo la diferenciación y aprovecharon todas sus ventajas para ser los mejores librados de esta caricaturesca realidad. Y todo gracias a 220 años de criollismo…

1 comentario en “220 Años de Criollismo: Los Extremos Sociales y Económicos”

  1. «Las historias se pintan en las paredes y las arengas no pueden ser silenciadas. “¿Quién dio la orden? ¡No más cuarentena tenemos hambre! ¿El territorio para quién?” El sur demuestra el olvido al cual hemos sido sometidos el resto del país. Porque la entrada del Sur de Bogotá refleja como está el Sur de Colombia, estamos en el olvido.»
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