Mujer de Aquí

Cándida y Su Amado Sol

Por. Karol Bolaños

Cándida esperaba con ansias locas el verano, la lluvia constante y los vientos helados le apagaban el furor de su encanto. El primor que cubría sus mejillas poco a poco empezaba a desaparecer. Se repetía una y otra vez: – ¿Cuándo va a calentar el sol?

Se acercaba agosto el mes más soleado del año, Cándida se mantenía impaciente, todo su cuerpo se expresaba, el frío había comenzado a extinguir la llama de sus pasiones.

Al finalizar julio habían despuntado los primeros rayos del sol, calentaban, pero aún no penetraban. Cándida empezaba a apagarse como el fuego que no tiene leña para ser alimentado.

Finalmente, agosto estaba instalado y todos auguraban un verano seco, soleado y con muchos vientos como suele ser la costumbre.

Cándida recuperaba suavemente su afinada textura y lozanía. Aunque algunos en su entorno se  preocupaban por la transformación negativa de los verdes campos. Cándida sólo pensaba en la llegada y permanencia de su amado sol. Lo cierto, es que se sentía plena y con una sensación de felicidad incalculable.

En lo más alto de la temporada, las ropas comenzaban a sobrar. La lana había sido reemplazada por el algodón. Los pantalones vaqueros y las camisas de magas largas estaban plegadas en el ropero; las faldas, pantalones cortos, vestidos, blusas vaporosas y sandalias se apoderaban de los cuerpos habidos de respiro.

Cándida había vuelto a ser la misma, el sol había calentado su corazón y la tenía envuelta en el deseo de refrescar su alma.

Cierto día, Cándida necesitaba algunas cosas y había decidido salir a comprar, organizó su bicicleta y se dispuso a salir.

El calor era sofocante pero encantador. Tenía puesto un vestido de algodón estampado con flores vistosas y coloridas, el viento jugaba, entonces a cada pedalazo, la entrepierna se dejaba ver, el calor apostaba por la coquetería y la pesca milagrosa de un seductor transeúnte; sin embargo, estaba sola, su camino liviano y ligero le permitió ir y volver rápidamente sin mayor reparo.

Apostaba día a día por refrescar su interior, hasta que sin que se acabará el mes, ya estaba nuevamente lloviendo.

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